sábado, 12 de enero de 2013

OCTAVIO PINO TORO/ MONO

Negado, rupestre bisabuelo perdido,
sumergido eslabòn, voz sepultada
en el lenguaje tutelar de tus chillidos;
antiguo morador de la espesura,
venerable señor de la hondonada
mira este desnudo renegado simio
aprisionado entre cucharas
entre taxis, sostenes, lavadoras,
entre bacinicas y jabones.
Ahogado en Martinis.
Viajando en motoneta, en subte,
en aviones a chorro; sudando coca cola;
comprando licuadoras, pick-up, encendedores,
acciones, baby-doll, marihuana;
comiendo pizza, hot-dog y macarrones.

Mìralo parapetado en las esquinas
eludiendo las balas, las bombas, la guerrilla;
esconderse en los cines,
refugiarse en los drive-in, en el Rotary Club
y en el leonismo.

Mono, antepasado mìo, ante tì, yo renuncio.
Renuncio a Heidegger, a Theilhard de Chardin, a Max Scheler;
renuncio a Bardot, a la Taylor, a la Sofìa Loren;
abjuro de Hesse, de Thomas Mann, de Vargas Llosa,
reniego del champagne, del Viking I y el helado de fresa.

Quiero brincar entre las ramas,
chillarle al viento y a la luna nueva,
comer bànanas, perseguir mosquitos,
rascarme el piojillo y pelarme el trasero.

Mono, extièndeme los brazos y reclina
en tu velludo pecho mi cabeza:
quiero ser el hijo pròdigo que vuelve
al ancestral amparo de tu selva.

1 comentario:

  1. Gracias por publicar algo de mi padre. Tienen más escritos de él?

    Saludos,

    Roberto Pino N.

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