miércoles, 7 de diciembre de 2016

DAVID AVELLO/RESPLANDOR CREPUSCULAR


Ella se arrima al cerco abre la pierna
Los dedos buscan trajinan debajo de la camisa
Ella se arrima bien mientras
      la mano por sus piernas
Seduciendo sin prudencia
Torturando carne nueva buscando lo lejano
lo desconocido

incoherente
el grito ahogado apagado por la mano fuerte.

ALFONSO GRÈZ/ LULLABY


Gatea niño, gatea a la cuna,
a tus cascabeles, al abrazo estático de tus padres
al hospital gatea, a la mesa de operaciones, niño al hoyo
donde la carne se pudre.

LAUTARO GUERRA VIAL/ SUEÑO NOCTURNO


La otra noche soñé
que volaba.
Sin batir brazos
ni piernas.
Y sin mover ni un pelo.
Sin embargo
volaba raudo
Sin imaginar
donde iba a parar
otras veces
olvido soñar
y sin embargo

HECTOR ANGULO TORRES/ SITUACIÒN DE LA TIERRA


Como una barca sin selecciòn de lo confiable
ahita la soledad y mares venenosos,
ahora nos ponen un timòn de manos
y corazones de grandes pupilas luchadoras
que ayer impidieron tantos naufragios

Sus movimientos cada vez màs audaces
sacuden las manchas de los oceanos
hacia las bocas de la vida
con osadia que sòlo es ausencia de orden
y creciente gravitaciòn de crimenes y vicios.

MIGUEL ALVARADO/ EN VENTA


Vendo una màquina
de escribir,
un cuadro viejo,
y muchas cosas más.
O permuto por una
nueva modelo top.

lunes, 5 de diciembre de 2016

VIOLETA GUIRALDES/ PENUMBRA




Está oscuro pero no importa. Prefiero no
abrir mis ojos para verlo sentado, dando vueltas
las páginas del libro, mientras toma café,
bajo la única luz encendida. Una solamente
para él. Para iluminarse a sí mismo y sus cosas.
Ahí está leyendo, como todos los días, al
lado de su mesa azul. Y a ratos pensando en
su presente y su futuro, mientras yo permanezco
al otro extremo del living, sin moverme,
sin encender luces que lo distraigan. Para
darle en el gusto. Callada, a su lado, como
siempre. Esperando que termine su lectura,
para servirle la cena: carne de cerdo con puré,
como todos los lunes; aunque no sea la ensalada
de la estación y deba ir por ella a la ciudad
vecina. Para que esté contento y no diga:
“Nada está en orden y la casa sepultada bajo el polvo”.
Está oscuro pero es mejor. No tengo ganas
de abrir los ojos. Y con ellos cerrados, mi
mundo se inunda con la luz de mi infancia,
con caricias de manos cálidas. Siento brazos
que me atraen con fuerza, que pronuncian
un “no te aflijas”, un “te quiero”. Y juego con
mis primas a las muñecas y al luche. Corro
por el parque y muevo vertiginosamente las
piernas, para accionar las ruedas de mi bicicleta
y dejarme conducir por ésta hacia calles
cercanas, de amigos. De los que saben
compartir un chocolate, de los que ríen al
unísono. Y los encuentro allí, siempre esperándome
y él no puede impedirlo con un “hasta cuándo”.
Está muy oscuro, pero es tarde, pronto terminará
su libro y me gritará: “Estoy listo”
para que yo corra a calentar la carne a 50 grados,
como le gusta. A disponer la bandeja, con
cuchillo y tenedor en cruz. Con el vaso de
rombos verdes que le regaló su madre, siempre
preocupada de hacerlo feliz. “Con pocas
palabras y buenas costumbres”, como él repite
con frecuencia. Manteniéndose distante,
para no molestarlo y cercana, para escuchar
sus peticiones. Sus solicitudes cada vez mayores
y más difíciles de satisfacer.
Está muy oscuro, es cierto, pero es mejor.
Preferiría no abrir más los ojos.


viernes, 2 de diciembre de 2016

LÌA VILLALOBOS RIVEROS/ HORIZONTE




Quiero llegar a ti
como una ola
descansando en la orilla
de una playa lejana
blanca y espumosa
extenderme sobre ti
y hacer de nuestros cuerpos
una ùnica melaza
arrullarte
abrazarte
como un remolino de agua
que salada se dispersa
en tus superficies
y que sea tu cuerpo
un velero
que se pierde
en la inmensidad
del horizonte.