viernes, 16 de febrero de 2018

CARLA ANDREA ZAPATA/ ZOZOBRAS


Te veo tendido sobre la tarde
en esa línea que dibuja el tiempo
con sus silencios.
Cierro los párpados
como si la muerte nos arrastrara
con la furia de sus besos
hacia el mismo abismo
y luego nos abandonara desnudos
llevándose el clamor de los latidos,
en un hilo de seda sosteniendo nuestros labios.
Entonces me quedo recostada junto a tu cuerpo
navegando en la soledad de tus ojos,
mientras la desnudez de la luna
va derramando su piel
en la inmensidad del universo.
Y en ese momento, sin que lo adviertas,
cruzo a oscuras la tarde
buscándote en esa misma línea de tiempo
zozobrando oculta en tus rodillas,
y simplemente, me instalo , sin hablar,
en cada uno de tus sueños,
acariciando el lugar donde desaparece
para siempre la breve luz de tu ombligo.

FELIPE RODRIGUEZ/ INSTANTE


Vacío,
devuelto por el oleaje,
arrastrando la vanidad sobre el tiempo.
Mis labios son ciegos escarbando en angustia.
Sin sangre,
sin piernas,
sin habla.
Sólo una palabra desnuda
recorriendo abismos.
Ahora es carne,
lamento,
cicatrices.
Ahora es silencio,
nostalgia hundida en un adiós.
Ahora es caída,
noche violentando el cuerpo,
fuga para no mirar el espejo.
No hay espera,
la palabra se humedece
por un mundo que convulsiona a mis pies.
Amparo,
desasosiego:
ojos para acurrucar demencias
y masticar gemidos.
Un instante como puñal,
como sudor de una nada incandescente.
Un fuego,
una isla lamiendo la piel,
como un niño acariciando cadáveres.

JUAN CARTAGENA/ ENCUENTROS


Era costumbre buscarnos en las terminales
encontrarnos, conversarnos la vida
hablar
de encuentros y desencuentros
hablar tantas cosas
de ti
o algo de mí
era un mirarnos y alejarnos
con el sabor de todo lo hermoso
para luego perdernos
tal vez con las manos vacías
con el corazón fulminado
con los labios sin besos
y una sensación de amarnos terriblemente…

CECILIA ARETIO/ PLAGIO A BENEDETTI



Nunca será imprescindible
más si deseable
y hasta necesario
un hombre desnudo allí en lo oscuro

Un hombre apasionado
compañero confiable
que no cobre intereses por dar más
ni cotice desangrándose por meses de servicio.

Un hombre desnudo que pueda
abrazarte con un brazo
su espalda como imán atraiga el cuerpo tuyo
de pecho generoso
y respiración de hoguera

Es invocable y puede ser hasta un conjuro
un hombre ahí y así en lo oscuro.
Con su boca de vino para beberla a sorbos
y tras sus párpados, negras pupilas
que te reflejen precisa.

Tener contigo un hombre desnudo y luminoso
para elevarse cabalgando la noche
que se muera a tu lado y resucite luego
y que cuente contigo hasta tres y hasta cinco.

Que urda estrategias y tácticas
que propaguen gozosos los encuentros
y el aburrimiento y dolores
multiplique por cero.
Hombre de carne y hueso que trascienda el ideal
se acople a tus orillas y a tu profundidad.
Que sepa tejer, que sepa bordar
y que ponga música para celebrar.
Un ser milenario, un hombre postmoderno
que quiera aprender lenguaje vaginal
ese oscuro y delicado dialecto
que nombra lo que a simple vista no se da.
Un hombre desnudo que te regale tiempo
tiempo del año, del mes, del día a día
escriba versos intensos con su sexo erecto
y te ofrezca agua de luna con sus manos de vida (…)

jueves, 15 de febrero de 2018

FRANCISCO RUIZ/ CAMINO DURO (FRAGMENTO)


Se muere la vela en el rincón polvoriento.
Sube el fantasma hacia el invierno
en su nave de agua.
Vuelven los años a leer
viejas cartas de amor.

JUAN PABLO BENAVENTE/ LA PLANTA


Dedos llenos de intrigas verdes vuelan
como borrachos en tinieblas,
los mismos que gritaban bajo tierra.
Siete gritos de vida se derraman al aire,
sonidos ahuecados en su principio.
Caen gotas de pudor desvelado en la garganta.

Se quiebra una sombra ante el sol,
crece la planta.
En un mar de ceniza flotan las palabras
que en vinagre se murmuraban.
Las hormigas que no creían en la tierra
mueven sus alas verdes por el camino del humo.
La esencia de lluvia fría entre zorzales
escapa al viento en su trivial cacería.

La planta se yergue de agua y luz,
de dolores pasados.
Cae el sol fraguando el verde,
y cae la planta templada en sangre.

JUAN ESTEBAN VARELA/ HAY ALGO DE TODAS LAS COSAS


Hay algo de todas las cosas
           que huye de mi
y se adormece entre las rodillas
   de sonámbulas procesiones.

Hay algo de mi
que huye de todas las cosas
pero el centinela de los extravíos domésticos
no domina la lógica
que entristece los dirigibles.

Algún día zarparan los sepulcros
hacia el óvulo imperceptible
del firmamento en celo.

Algún día
las espaldas del mar
abandonaran sobre la arena
el ultimo cadáver azul
de sus invariables escalofríos.

Algún día
cicatrizaran los horizontes
del atardecer.

Y yo me reuniré contigo
                                  y con todas las cosas
en el paradero circular
que anuda los paisajes
de aburrimientos
  y delirios