sábado, 21 de abril de 2018

INES ZEISS CASTILLO/ REENCUENTRO



Hoy te reencuentro vetusta cáscara de infancia,
entre piedras,árboles y flores.
Decenios ya me acogiste,
vestida de azahares y rosa.

Te encuentro casa,
entre aguas deshojadas,
entre soles intraquilos,
entre nieblas que desambulan
por peldaños que he subido.

En la mampara de cristal,
leo el nombre de mi padre,
dormido hace muchos años,
junto a mi madre y un rosal.

Atisbo en tu galería,
mis graciosos balbuceos,
mis inciertos pasos de niña,
y me fundo en los instantes
escritos en tus paredes.

¡Escalera, aún interminable!
maderas lustradas por las horas,
me hago lluvia y lavo historias
al subir por esas gradas.

Recorro el soleado patio,
llega el gato del vecindario,
y bailo al sol del organillero,
que pasaba algunas tardes por el barrio.

Al cerrar la puerta color cereza,
vetusta casa de mi infancia,
me convierto con certeza,
¡en hechicera!

jueves, 19 de abril de 2018

FRANCISCA URDANIVIA/ CENOBIO



Desgarrado el vientre,


Miles de agujas explorándose,

Ahondando en mi profundidad,

Hasta rebosar la sal amarga.

El reloj marcó el tiempo,

La hora advertía.

Y yo queriendo arrancar sus manecillas,

Y hacerlas perennes.

Ojos afiebrados,

Sangre febril por mis venas.

Lánguida,

Y las paredes del cenobio,

Fisura de mis lamentos.

domingo, 15 de abril de 2018

ALEJANDRO H VILLAGRA/ SEÑALES SOBRE EL DESIERTO


EN LAS MONTAÑAS nuestros espíritus tocan el cielo.
En la observaciòn de la noche mis ojos reflejan las estrellas.
La soledad que revela tu rostro quietamente se hunde en el Lago.
Las hiedras trepan por las esculturas de los recuerdos.
En este desértico mundo lo invisible se diluye/
En el corazón de esta época la crueldad organiza el càncer/
En tu voz los pàjaros sagrados ya no se sienten más interpretados./

martes, 27 de febrero de 2018

ALEJANDRA GONZÁLEZ ORTEGA/ II COMUNION



Un poema como bestia malherida
me arroja a esta gran batalla,
sacude las costas que en él se redimen,
deja esquirlas de paraísos que mis ojos no beben,
se oculta de mí habitándome el misterio,
dibujándome el azar que conspira con mi inocencia.
Propaga caracolas en el cuenco de mis días,
se escribe a sí mismo reptando en mi silueta,
doblega universos que en sus hilos se disuelven,
no duda de su fuerza más desoye su destierro,
no sabe si es metáfora, desilusión o inmensidad,
permanece en el contagio de tormentos que no escuchan
y no esquiva el naufragio en la sed de los errantes.
Sabe que todo tendrá que ser hecho,
aniquila la luz, la reinventa y la contiene,
escoge aquella trampa que me ame
y me subyugue.
Un poema, seduce mi vientre
y grita por mí.

CLAUDIA TREJOS/ LA HUMEDAD INCOMBUSTIBLE



La humedad incombustible de los cuerpos aturdidos en la noche,
solo acorralados por los destellos del sol que a nadie perdona
y el animal que me habita te busca
en la piel que se eleva sobre microscópicas montañas que aúllan tu boca.
Ahuyentados hasta perderse en la colina,
como caballos salvajes temerosos de los hombres...
¿Existe castigo cuando arde la ternura?
Vacilo la palabra, la aproximación de los cuerpos para no contaminar tus campos con mis ilusiones.
Trabajo sobre desperdicios que parecen etéreos,
Y las horas se amontonan cabalgando la palabra,
mientras sostengo poderosas imágenes que diluyen la habitación
llevándose con ellas los cuerpos
Suspendidos en la cuerda de los apetitos,
dónde develaremos lo cierto,
si no en el acto desobediente de atravesar los juicios.



viernes, 16 de febrero de 2018

CARLA ANDREA ZAPATA/ ZOZOBRAS


Te veo tendido sobre la tarde
en esa línea que dibuja el tiempo
con sus silencios.
Cierro los párpados
como si la muerte nos arrastrara
con la furia de sus besos
hacia el mismo abismo
y luego nos abandonara desnudos
llevándose el clamor de los latidos,
en un hilo de seda sosteniendo nuestros labios.
Entonces me quedo recostada junto a tu cuerpo
navegando en la soledad de tus ojos,
mientras la desnudez de la luna
va derramando su piel
en la inmensidad del universo.
Y en ese momento, sin que lo adviertas,
cruzo a oscuras la tarde
buscándote en esa misma línea de tiempo
zozobrando oculta en tus rodillas,
y simplemente, me instalo , sin hablar,
en cada uno de tus sueños,
acariciando el lugar donde desaparece
para siempre la breve luz de tu ombligo.

FELIPE RODRIGUEZ/ INSTANTE


Vacío,
devuelto por el oleaje,
arrastrando la vanidad sobre el tiempo.
Mis labios son ciegos escarbando en angustia.
Sin sangre,
sin piernas,
sin habla.
Sólo una palabra desnuda
recorriendo abismos.
Ahora es carne,
lamento,
cicatrices.
Ahora es silencio,
nostalgia hundida en un adiós.
Ahora es caída,
noche violentando el cuerpo,
fuga para no mirar el espejo.
No hay espera,
la palabra se humedece
por un mundo que convulsiona a mis pies.
Amparo,
desasosiego:
ojos para acurrucar demencias
y masticar gemidos.
Un instante como puñal,
como sudor de una nada incandescente.
Un fuego,
una isla lamiendo la piel,
como un niño acariciando cadáveres.