sábado, 11 de julio de 2015

JORGE FERNANDEZ GUIÑEZ/ MADRE


Jugábamos a pintar luciérnagas en el sueño,
el pan doraba el desayuno.
A la hora en que la luz se aleja,
despertaba el sol desde nuestras cabezas.

Llovía el canto en las pupilas.
La mesa era una pradera bañada por el fuego.
Crecíamos al amparo de tus brazos.
Íbamos como todos, leyèndonos las manos;
dibujando con la magia de los años
el recuerdo de lo que vendría.
De repente, un destello, algún murmullo,
una música triste en nuestros labios,
pero otra vez volvía como a los campos
la lluvia a decorarnos los ojos.

Salíamos en medio de tu palabra, abrazados
al fuego que de ti surgía, a encontrarnos
con el misterio que envuelve el rodaje de los astros.

Tú tenias veinticinco ojos para una sola lengua
veinticinco corazones para tus pies de almíbar.

Era el tiempo en que creías en mi,
y en el que mis ojos nadaban en tu pensamiento.
El tiempo en que abrazabas mis pulmones
y tejías con sangre la oración para ellos.

Me cogías en la suavidad de tu follaje
como acuna el mar la luz entre sus dedos.

Bordabas como para mis hermanos
la música de tu infancia en mis huesos.

Yo te robaba el azúcar que despiden tus ojos,
y en el baile azul de tu sangre encontré el aroma
a sueños que divisé en tus entrañas.

Territorio de madera oculto en el sollozo
pedazo de cielo incrustado a mi mesa;
tú que vienes del agua, de algún rincón de la lira, 
y que en cada lugar de la tierra
encuentras una forma de adentrarnos en la magia;
muestrame de nuevo el mundo, tus raíces,
y que del vino sacro que camino en mis venas
surja la oración que se elevó en la piedra.

Haz para tu hijo la medida que sòlo en ti vi algún día.
Haz para mis ojos una almohada de suaves
girasoles donde deposite lo andado.
Teje con tus labios una canción de cuna para mis cabellos
encumbrados en el olvido, en la música gris de la intemperie.
Teje para mi un venado, una jarra de barro
para silenciar mi silencio, un pedazo de bosque para apagar la herida
Desencadena en mi el amor que volara a todo lo lejano.
En el horizonte veo morir el respiro de mi juventud.

Juguemos a pintar luciérnagas en el sueño.














1 comentario:

  1. Estimado Coke, muy buen poema.
    "Haz para mis ojos una almohada de suaves
    girasoles donde deposite lo andado.
    Teje con tus labios una canción de cuna para mis cabellos..."

    Estos versos son preciosos como todo el canto lleno de gratitud hacia la madre.

    Saludos

    E.D.A

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