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Por el viejo paso, por entre los montes,
camino arriba, entre la inmensidad del abismo
que separa todo lo que es, allí,
en la vigilia de las horas,
se estremecen tus pies y apuras el paso,
reconociendo los signos
que presagian tu descenso:
inútil rebeldía de los sentidos
que se vierten sobre el campo,
y entre siluetas, como un lamento,
auscultan el tiempo.
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