Cuando no existía un nadie
que escribiera
lo que yo hubiese querido escribir
no, lo que me escribieran.
DIFUSÌÒN DE TEXTOS DE POETAS CHILENOS DE TODOS LOS TIEMPOS, A CARGO DEL POETA RODRIGO VERDUGO.
Cuando no existía un nadie
que escribiera
lo que yo hubiese querido escribir
no, lo que me escribieran.
Hoy humanizare mi mesa
y no partiré el pan
con un cuchillo.
II
Fue en una noche
La noche de las noches,
En el silencio de los tiempos,
En lo insondable de los tiempos,
En que hice una oración por ti. Palestina.
Por tu libertad y la de los nuestros.
Ya todo tu eres delirio, en las calles todos tienen tu rostro, pero ninguno eres tú.
Te hablo al oido un oido lejano como miles de palomas mensajeras posadas sobre tu cabeza sin rumbo.
Me desdoblo entre tantas para alcanzarte, y me doblego
al destino ciego de no saberte, y asi me abandono, de gritos enmudecidos.
El cielo me ofrenda su condena, el infierno me redime, mientras tu en mi siempre serás feroz permanencia.
11 de septiembre, unos lloran en el Sur y otros en el Norte.
Miles de espectros circulan entre el aire y la tierra, sin entender,
Llaman a sus amores, hijos, padres y amigos,
Vivos y muertos se buscan entre inconsolables ruinas,
de cuartel en cuartel, de prisión en prisión, bajo el polvo del desastre,
bajo el terror.
Buscan y buscan sin encontrarse:
¿Donde están? ¿Quienes eran?
11 de septiembre, unos lloran en el Sur otros en el Norte.
Unos aviones por allá, otros por acá
¡Fuego, explosión, y sangre!
Los verdugos deleitan sus obras con macabro esplendor,
Suavidad y exactitud en el gesto,
La cirugia del horror!,
Sádica alegria descuartizando cuerpos y los mimetizan en el tiempo:
¿Donde están? ¿Quienes eran?
11 de septiembre, unos lloran en el Sur, y otros en el Norte.
Velas y flores extendidas
Cuerpos perdidos, cuerpos encendidos, cuerpos sin nombre, cuerpos desaparecidos,
"Recogimiento",
Manos sencillas, ojos abiertos en la intimidad de aquel dia:
Pueblos de las Gemelas: ¿Quienes erán?
Pueblo de agua y cordillera: ¿Donde están?
11 de septiembre, unos murieron en el Sur y otros en el Norte.
Quiero desentrañar tu tibieza
deshilar tu inconsciente madurez
promover continuamente
mis sendas en tus labios.
Recorrer sin tiempo
las brisas de tu parpadeo
desatar simplemente
rimas silvestres de quererte.
Destilar mis dedos en tus manos
forjar mustios precedentes
mojarlos y rescatar melodias.
Prorrogar indefinidamente
tu eco indomable
y la prosperidad de quererte.
Aunque tambièn quiero
desandar las letras cantadas
desatender la sed de verte
y silenciar los latidos de hallarte.
Pero estass ideas se disuelven
voladas por tu viento invisible
inquietos prevalecen los latidos
florecen de semillas inmortales
desde el fondo de la calma
la sed se aprovecha
y se me parten las ganas de quererte.
“Tampoco soy la persona indicada para hablarle de América Latina y el mundo porque vivo encerrado y veo muy poca gente y no tengo mucha información que darle, más bien necesito que se me informe. Veo muy poca gente, pero reciba mi cariñoso saludo”.
Ernesto Cardenal.
I
Fue julio, 2019
poco antes de que la muerte lo llamara,
sé muy bien que no hay horario para embarcarse
ni para golpear la puerta
como lo hacen los poetas impacientes.
Yo ahí estuve en la espera
aterricé días antes del aniversario
del triunfo de la Revolución Sandinista.
Con el alma de guerrillero sin revolución.
Salí del aeropuerto de Managua
mojado de sudor y de no saber qué iba a suceder después.
Mis maletas sostenían el peso de la fuga
nadie me espera.
Llamo a Gloria Gabuardi, secretaria del Festival,
Me dice: ‘espera ahí vamos en camino’.
II
Al otro día, Ernesto Cardenal en casa,
camisa blanca, pantalones cortos y un cintillo en la cabeza.
Sentado a la diestra de lo que fue un día Managua,
Solentiname es su paraíso, yo lo saqué de él por unos días
traía consigo una oración traducida al idioma de las estrellas.
III
Me alojo en el hotel: Rubén Darío
duermo en un verso casi azul
entre sabanas vacías sin el nombre de las musas.
Después del desayuno en el Café de los Poetas
me pasa recoge Luz Marina Acosta,
amiga y secretaria personal de Cardenal.
Llegamos a la casa; yo, como naufrago respirando hondo en la puerta,
más bien en la orilla de un muelle de emociones
ahí estoy casi al costado de una estrella caída al lago
soy puñado de polvo
versos aguados por la larga espera.
Mis manos frías de no abrazar a nadie en el camino
ahí está sentado en su sillón
preguntándose versos de espacio, estrellas y ciencia.
Su escritorio iluminado por una lámpara ahogada de libros
en el medio la máquina de escribir con papeles
que rezan oraciones de luna a la diestra del sueño,
no sé si del Dios de Solentiname o de aquel que lo castigó.
Cardenal bendice cada día en el hambre del hambre el pan que nos oprime.
Yo creo en la bendición de su presencia de santo, pastor de ovejas sin tierra,
más bien lleno de miseria
pastando sin pasto, versos de la revolución abandonada
palabras que no salen/no aparecen
en la elocuencia del encuentro.
(Soy lo que pude ser después de la tortura/ un sobreviviente en el amor herido).
Confesión para una conversación inconclusa
Nunca imaginé llegar hasta la Nicaragua Sandinista
y leer versos de mi libro: Cuando fui Clandestino
Nunca imaginé llegar a la bahía: Salvador Allende
Y saludar al compañero presidente con un mitin
de versos, banderas y libros que no he vuelto a leer.
Don Ernesto me dice hasta mañana poeta, me sugiere:
otro día, leo sus labios como un verso antiguo
‘Escucha mi protesta/Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores’
Doy las gracias, recordé estos versos por allá en las calles del Chile de 1980.