Y la primavera bienvenida del centro en las pestañas del corazón, devenir a ti, mi elocuencia de manos llenas de ojos un tanto sumergidas en la sangre del sueño.
DIFUSÌÒN DE TEXTOS DE POETAS CHILENOS DE TODOS LOS TIEMPOS, A CARGO DEL POETA RODRIGO VERDUGO.
Y la primavera bienvenida del centro en las pestañas del corazón, devenir a ti, mi elocuencia de manos llenas de ojos un tanto sumergidas en la sangre del sueño.
Soló quedan dos ruidos
En los silencios distendidos tras las aguas desangradas de los frios.
Solo quedan dos ruidos
Entre el soñar en vigilia
Campo donde yacen todos los deseos desvanecidos
Mientras en su furia la sangre cándida
Nace en su mirar el alba
En su respirar alivio
Tras los soles de agosto y las nieves de julio.
Sólo quedan dos ruidos
Mi cuerpo sabe en el alma su momento
A medio morder a medio morir.
Sólo quedan dos ruidos
Besos y desenfrenos
¿Qué será de tanto amor?
¿Qué será de tanta sed?
Yo sano la herida en la noche
que el brujo clavara su diente
diciéndome sola y torcida.
Si acabo la vida, no por su boca,
será por la propia mano que nace
no monstruo animal, peor bestia.
Por dentro se me abre un hocico que muestra los dientes
la última fuerza que busca espantar la carroña.
Entonces el aire se aplasta en el agua
una furia de sal me retuerce
dejaré de sentir que la carne palpita.
Del rio rompen la piedra oscura
Y extrae la voz marina
Y el surco en la retina
De un rio nacido en la gruta.
Neblina de atardecer enlutas,
Las esquinas, las puertas y las cantina
Donde la melancolía es la espina
Y el abismo es la copa que transmuta.
Cruzan juncos sobre el madero podrido
Las piedras negras y la corriente
Rio de oscuras aguas de pueblo corroído.
Explotado en sus recuerdos y en el presente
La neblina cubre el porvenir dormido
De quienes desdeñan al pueblo y su torrente.
.
1.- Llegó una ola, y lo llamó…
coronó sus tobillos con anzuelos salados
que ensangrentaban la carne.
¡Cuánto no llevó a sus profundidades !
Amor de serenos campestres ;
paciencia escultora de santos;
poesías desconocidas e inconclusas;
aulas regadas de tardes y perfumes de miel de abeja.
Y se llenaron de profundidad sus aguas,
de humano agitar sus olas.
Y las brisas cómplices; llenaron de silencio sus pasos,
sobre arenales.
Y vio distancias espaciales,
y olas que llamaron la muerte de su cuerpo :
”Ven, camina mis senderos de espuma,
entumece tu cuerpo en mi letargo.
Dame el alma, y podrás quedarte el cuerpo;
pálido, hermoso, salado.
Ven, adivina los misterios de mi canto,
descifra los idiomas de mi lengua :
dialectos rocosos de arrecifes brumosos,
consonantes de viento,
furibundos verbos gélidos…
(que besan sobre tus orejas entumecidas)
¡Qué esperas!
¿Acaso no has reclamado la belleza? …
Sobre nieblas, …
en ventoleras,
¿Desafiando con tu nado mis cunas acuosas?
¡Qué esperas!
Te he buscado en mis eternidades,
perdiendo la esperanza mientras crecías en los campos:
inocente y alegre.
¿No escuchaste mis golpes escultores de arrecifes?
¿Si?
¡Sí!
Has entendido por fin.
Tarda el cuerpo en entender su muerte, pero…
¡Has entendido al fin!
¡Qué importa la vida humana!
Si ahora te ofrezco mis aguas…
( para que unjan tu cuerpo )
¡Qué importa tu vida terrena!
Si en mis profundidades comulgarás inmortalidad.
¡Ven! …Ofrendemos a ese pueblo la memoria de tu tierna carne joven”
Un dia encontrè a un amigo,
que con su ejemplo y cariño
me ayudò a encontrar a Dios,
nunca supe su verdadero nombre
un amigo...
que quizàs fue el mismo Dios.