DIFUSÌÒN DE TEXTOS DE POETAS CHILENOS DE TODOS LOS TIEMPOS, A CARGO DEL POETA RODRIGO VERDUGO.
miércoles, 16 de enero de 2019
ALICIA AGUIRRE SALINAS/ EL ENCUENTRO
Caminaba distante distraída,
surgió su figura a mi encuentro...
evoqué la imagen de mi padre:
era un viejo andariego...
Estoy perdido-dijo, con dulzura.
No sabia su calle ni su nombre...
Caminemos, la noche es agradable,
yo tambièn busco donde asir este cuerpo
y este espíritu perdido y errante...
lunes, 14 de enero de 2019
FRANCISCO CARRASCO ITURRIAGA/ALTA SEGURIDAD
Murallas inteligentes
barrotes
cadenas
chapas
candados
perros àvidos de carne intrusa.
Entre rejas y alarmas vocferantes
guardianes de filo y fuego
Fortaleza electrificada
vigilancia de alto nivel
tu perenne seguridad
Sòlo podria robarte
quien logra vencer las trampas
Y anoche
te sorprendiò la muerte
con su llave general.
LUCY SEPÙLVEDA VELÀSQUEZ/PARTIDA
Y partiò solo,
completamente solo
atravesò compungido
el bosque de galeria
y aùn distante,
seguia desparramando
su genial sabiduria
como piñata cargada de secretos.
CARMEN DIAZ ARRIAGADA/OLVIDO
Lentamente
y
Lentamente
Llegarà el olvido.
SERGIO MANOSALVA MENA/MÀS ALLÀ DE LA ESPUMA (FRAGMENTO)
I
Pequeño pedazo de otoño
y via lactea.
Rayo acariciante
Emergida de mi cuerpo
carne nuestra, beso eterno.
Làgrima de un dia
prolongandose en el espacio
eterno de mis sueños.
Risa y sonrisa de mis manos.
Fundiciòn de mis labios.
Suspiro de mis besos.
Hembra mia y de mis versos.
lunes, 7 de enero de 2019
JOSÈ OSCAR PREGNAN AILLON/ DEDICATORIA
Jardín de corazones que sufrieron
y que buscando asilo aquí vinieron.
Llorada tierra; incomparable nido,
donde el dolor humano està dormido.
Augusta y melancólica mansión
que simboliza paz y redención.
(colocada en mármol en el pórtico del cementerio. Talca)
jueves, 3 de enero de 2019
MARCELO VALLE/ANATEMA
Senos de piedra caliza
que hierven los nudos de la locura.
Una noche oscura en la ermita
en que confesé las umbrías de mi vida.
Y todavía se puede escuchar
como un acorde unísono de soledad
que se desliza en la gruta de mi lengua.
No le cierres las puertas;
¿será lo que tu vientre esconde
aquello de lo que se desprenden mis días?
Orador, soterrado en mi orilla,
cuéntame lo absurdo de mi hombría
nacarada en arenas movedizas,
dame los argumentos más siniestros
que pudieras coagular en tu risa.
Orador,
entramado en mis heridas,
es hora ya de que conozcas lo secreto.
Eso que jamás leíste en las rápidas manchas
y los glóbulos densos de tinta.
Eso que nunca discutiste hasta la náusea
en tardes de cónclaves alegóricos.
Eso que pulula en recámaras oníricas
en el paraíso de lo posible imposible.
Orador;
guárdese este anatema mío
que sangra por las paredes
de su escapulada conciencia,
usted podrá encontrar que,
aún bajo la tupida zona
de tinieblas de porcelana,
hay un resquicio de la aureola
que fue mi corazón
irisado y violento;
véase reducido a
matorrales agónicos de ceniza
y que susurre,
que susurre,
que se abra
y que se cierre,
y que titile,
y que salte de cráter en cráter
para subyacer en su sonrisa,
y que galope silencioso
por los bordes del estrecho desfiladero
del purgatorio,
y que trastabille
y que caiga
y que desaparezca
entre gestos convulsos
para usurpar su sentir,
su pálpito,
y su esencia
y que se refrene en usted como un gemido
a la desesperación
de algo que hallábase
irremediablemente
vencido.
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