Luego del ojo,
eròtico,
borde de locura que ella
apuntando con sus armas
me obligó a que la llevara.
DIFUSÌÒN DE TEXTOS DE POETAS CHILENOS DE TODOS LOS TIEMPOS, A CARGO DEL POETA RODRIGO VERDUGO.
Luego del ojo,
eròtico,
borde de locura que ella
apuntando con sus armas
me obligó a que la llevara.
El dolor permanece
se sienta junto a la cama
y de vez en cuando nos guiña un ojo.
El dolor nos susurra una canción
se desnuda lentamente y
yace largas horas sobre nuestro pecho
se queda allí
tatuando su presencia.
Camina por la cuerda sin fin
ni red que la sostenga
abismo inhabitual
el respetable se encoge de hombros
sin poder llevarse las manos a
los ojos
las manos atadas a la espalda
le impiden moverse.
Continuamente volvíamos a las andadas.
Comprábamos
un ramo de estaciones
y una que otra palabra de otoño,
y nos íbamos al cementerio
a vestir las tumbas
con ligeras limosnas de recuerdos.
Seducido por la luna el niño sin temor
de las sombras
recorre el largo corredor.
Ahora inútilmente buscas razones.
El nombre de la noche es una ausencia
si supieras no seria ese niño.
Si, enséñame como a San Francisco
a hacer amistad con el dolor.
En la orilla milimètrica de la nada
que separa el mar del cielo,
te encontramos.